Universidad Itinerante de la Resistencia en Haiti

Mujeres Haitianas: Constructoras de Libertad y Tejedoras de transformación


Al recorrer la historia haitiana, reconocemos que la resistencia no comenzó con la Revolución. Mucho antes de ese hito, mujeres de los pueblos originarios ya defendían, desde lo profundo de sus raíces, la dignidad, la libertad y el territorio. Estas mujeres no fueron meras observadoras; al contrario, se convirtieron en arquitectas activas de la emancipación. Enfrentaron no solo la opresión colonial, sino también las estructuras de poder que las excluían y subestimaban.

Este texto presenta a algunas de esas mujeres que, hoy en día, son pilares morales y vitales en la sociedad haitiana, destacando apenas a unas pocas de las tantas que han existido y continúan dejando su huella.

Anacaona, la líder y poetisa taína, encarna la semilla de la lucha que desafió la colonización española. Su resistencia y su posterior ejecución en 1503 nos recuerdan que los sueños de una tierra libre de opresión ya latían en el corazón de los pueblos originarios. Anacaona es símbolo de esa primera gran lucha, la cual resonaría siglos después en la Revolución Haitiana, marcando un antes y un después en la historia.

Con esa misma fuerza emancipadora, Cecile Fatiman fue  fundamental en el proceso revolucionario que culminó en 1804. Como sacerdotisa, fue parte de la ceremonia de Bois Caïman, en la cual se encendió la chispa espiritual que daría inicio a la insurrección de 1791. Aquella noche, la rebelión no fue únicamente un acto político; fue también un acto espiritual, en el que las mujeres, en su rol de guardianas de la cultura, canalizaron las fuerzas que harían posible la independencia. Ellas mostraron al mundo que las luchas por la liberación no pueden separarse del alma y la memoria de un pueblo.

Marie-Jeanne Lamartiniére fue una soldado y enfermera haitiana famosa no sólo por su valentía, sino también por su conocimiento y estrategia en el campo de batalla. Vistiendo el uniforme masculino y luchando junto a los hombres, era muy respetada. Lamartiniére jugó un papel clave en la gran batalla de Crête-á-Pierrot en 1802 contra las fuerzas francesas.

De manera similar, Marie-Claire Heureuse, compañera de Jean-Jacques Dessalines, nos enseña que la libertad no solo se forja en los campos de batalla, sino también en los actos cotidianos de cuidado y solidaridad. Su compromiso con la igualdad y su lucha desde lo humano la convierten en un símbolo de la resistencia cotidiana, esa que se teje en la vida diaria, que alimenta la transformación desde los pequeños-grandes  gestos que sostienen la comunidad.

Por su parte, Suzanne Sanité Bélair, quien también empuñó las armas, nos muestra la valentía de quienes no temen enfrentar el poder opresor. Su rol en las batallas decisivas contra los franceses la consagró como una de las grandes heroínas de la Revolución. Bélair es famosa por rechazar la venda en los ojos antes de ser ejecutada junto a su marido por los franceses. Su participación es un testimonio del coraje de las mujeres haitianas, quienes lucharon sin descanso por un futuro donde la justicia y la libertad fueran derechos innegociables.

En esa misma línea, encontramos a Victoria Montou, otra gran figura militar. Su liderazgo en el campo de batalla es una prueba más de que las mujeres no solo acompañaban las luchas, sino que las dirigían. Ella, como tantas otras, entendía que la independencia era el primer paso hacia la construcción de una nación verdaderamente libre, donde las opresiones internas también debían ser enfrentadas y derrumbadas.

No menos importante es Catherine Flon, quien, con un acto simbólico de gran poder, confeccionó la primera bandera haitiana. En la ceremonia de Arcahaie, al coser la bandera, también cosió la esperanza de un pueblo que se negaba a ser esclavizado. En ese gesto, las mujeres haitianas nos recuerdan que cada puntada, cada acción, es parte de un proceso de creación colectiva que sostiene las luchas por la libertad.

Finalmente, en las luchas contemporáneas, el legado de estas mujeres resuena en figuras como Yvonne Rimpel, activista incansable que trabajó por los derechos de las mujeres y la justicia social. Su vida es un testimonio de que la resistencia no terminó con la independencia, sino que se transformó en la búsqueda constante por la equidad en las realidades opresivas que persisten.

De igual manera, Marie Clotilde ‘Toto’ Bissainthe, artista comprometida, utilizó su voz y su música para enraizar en el pueblo haitiano la memoria de su lucha. En sus expresiones artísticas encontramos una forma más de resistencia, donde la cultura se convierte en un campo de batalla por la identidad y la libertad.

En cada una de estas mujeres, se nos revela la historia viva de un pueblo que nunca ha dejado de resistir, de soñar, de construir colectivamente su liberación. Sus acciones nos interpelan: ¿Cómo continuamos hoy ese camino hacia una sociedad más justa? ¿Cómo reconocemos el poder de las mujeres como motor de transformación en todos los ámbitos? Este artículo no solo destaca sus luchas, sino que invita a pensar en la educación como una práctica de libertad, en la que todos, especialmente las mujeres, seamos protagonistas activas de la historia que estamos creando.

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